Los anagramas de Galileo

La entrada de hoy es especial para mi, es la última del año y la primera escrita por el primer colaborador del blog: José Ramón Martinez Saavedra, a.k.a Joserra, gran amigo y compañero de carrera.

Joserra es licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en fotónica por la Universitat Politècnica de Catalunya y actualmente es estudiante de doctorado en el grupo de Nanofotónica teórica en ICFO-Instituto de Ciencias Fotónicas. Qué disfrutéis de la entrada!!!

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La física es uno de los temas más interesantes de los que se puede hablar… particularmente si hablamos con un físico. Sin embargo, como buenos seres humanos, tenemos otras aficiones al margen de la ciencia: algunos tienen aficiones comunes, como los deportes o las series de televisión; otros, se refugian en su fe todos los domingos en misa; a algunos les apasiona el activismo, y a otros las bellas artes.

En mi caso particular, depende del día (y de si tiene uno delante tres horas de tren a las que sacar partido), pero aquel día me decidí por disfrutar un poco leyendo “Verbalia”, de Màrius Serra; un muy recomendable libro sobre juegos de palabras en lengua castellana, catalana, italiana, francesa e inglesa. El libro ya tiene unos años, lo cual no reduce en ningún caso su habilidad para entretener al lector interesado: más aún, ha desarrollado una auténtica comunidad on-line alrededor de él, en la que la gente comparte juegos de palabras entre sí, y disfruta resolviendo los juegos ajenos.

Entre los múltiples recursos lingüísticos con los que trabaja Serra en su libro, uno de los que más me llamó la atención (y el que me motivó a escribir esta entrada, a fin de darle un poco más de publicidad) es el anagrama, consistente en la obtención de palabras o frases enteras con sentido a partir de otras palabras o frases. Uno de los ejemplos más sencillos, y probablemente de los más conocidos, se puede hacer entre Roma y amor, (y con ramo y mora, a la vez); o dormitory y dirty room, en inglés.

Todo esto parece no tener ninguna relación con la física… lo cual es cierto. Sin embargo, es una de las anécdotas relacionadas con anagramas la que sí tiene que ver con física,  concretamente con dos pesos pesados de la ciencia renacentista: Galileo Galilei y Johannes Kepler.

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Galileo Galilei: un cachondo mental

Cuenta Serra en su libro que, tras interesarse por los resultados de las observaciones de Galileo, Johannes quiso que compartiese con él sus principales resultados. Corría el año 1610, y parece ser que Galileo por aquel entonces ya había tenido algún que otro conflicto por sus actividades científicas, de tal forma que no quería exponerse a más sanciones. Por otro lado, tampoco quería dejar de enviarle a Kepler los resultados de sus observaciones, así que decidió enviarle a través del embajador florentino una carta a Kepler, con el siguiente texto

SMAISMRMILMEPOETALEVMIBVNENVGTTAVIRES

Para aquellos que se lo estén preguntando: no, no es gravedad cuántica de bucles in a nutshell, sino las observaciones de Galileo ocultas en forma de anagrama incomprensible a simple vista. ¿Inteligente, verdad?

Quizá demasiado: Kepler, al no tener ninguna otra pista al margen de esas 37 letras, podía liarse a hacer combinaciones que le diesen algún sentido: por supuesto, entre las 13763753091226345046315979581580902400000000 combinaciones posibles con ellas, había muchas que no llevaban el mensaje que Galileo quería transmitir: por ejemplo, Kepler obtuvo el siguiente anagrama

“SALVE VMBISTINEVM GEMINATVM MARTIA PROLES”

O, en latín, “Salve, ardientes gemelos, progenie de Marte”, lo cual interpretó Kepler como que Galileo había descubierto lunas en este planeta. Aunque bien podría ser cierto, la verdad es que Fobos y Deimos son probablemente demasiado pequeños como para ser vistos por Galileo. Sea esto último cierto o no, lo que sí que es verdad es que este no era el mensaje original de Galileo, el cual le llegó cuatro meses más tarde

“ALTISSIMVM PLANETAM TERGEMINVM OBSERVAVI”

Traducido, “Observé que el planeta más alto era triple”. En este caso, Galileo se refiere a Saturno como “el planeta más alto” (recordemos que Urano no fue descubierto hasta 1781, así que por aquel entonces Saturno era el planeta más distante al Sol de todos), y la consideración de que “era triple”, se refiere a que tenía dos lunas. Con toda probabilidad Galileo no se refería a lunas reales de Saturno, sino a sus anillos: debido a la falta de resolución de su telescopio, vería dichos anillos como dos manchas alrededor del círculo principal.

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Las fases de Saturno: algunas de ellas bien pueden confundirse con dos lunas, para un telescopio primigenio. Fuente: http://www.picturecorrect.com

Animado por el éxito de su aventura anagramática (eso, o que directamente a Galileo le encantaba putear a Kepler), decidió enviarle un nuevo anagrama un mes más tarde con nuevas observaciones; en este caso, Galileo no envió un completo sinsentido como la primera vez, sino una oración en toda regla (lingüísticamente hablando)

HAEC IMMATVRA A ME JAM FRVSTRA LEGVNTVR

Que, traducido, significa “Recojo en vano lo que no está maduro”; aunque la traducción que propone Google Translate es bastante más divertida que esta. Con este Kepler volvió a las andadas, descubriendo un nuevo anagrama falso

MACVLA RVFA IN JOVE EST GIRATVR MATHEM

“Hay una mancha roja en Júpiter que gira matemáticamente”, lo cual es cierto, aún sin ser la respuesta correcta del anagrama. Haciendo un paréntesis, y después de ver la capacidad clarividente de Kepler resolviendo mal anagramas, estoy convencido de que si le hubieran mandado un tercer enigma hubiera obtenido las ecuaciones de Einstein a partir de él.

El caso es que Kepler acabó rindiéndose de nuevo, y envió una respuesta a Galileo suplicando piedad para con “un alemán honesto”. Galileo, que después de todo era un pedazo de pan (o ya se había divertido lo suficiente), decidió enviarle a través del embajador florentino la respuesta que tanto ansiaba Kepler:

CINTHIAE FIGVRAS AEMVLATUR MATER AMORVM

“La madre del amor emula la forma de Cynthia”, lo cual pasa de ser un anagrama a un auténtico enigma para todos aquellos (me incluyo) que no tengan demasiada idea de mitología romana. Identificando “Madre del amor” con Venus, y “Cynthia” con un epíteto de “Diana”, diosa de la luna, Galileo le quiso decir a Kepler que había descubierto las fases de Venus, idénticas a las de la Luna, probando así la rotación de Venus alrededor del Sol.

fases_de_Venus.jpg
Qué bonita es la madre del amor en cuarto menguante…

Y aquí acaba la historia; al menos, hasta donde Serra quiere extenderla en su libro. Mi idea de exponerla aquí no es por hacer publicidad de un libro tan intelectualmente estimulante como “Verbalia” (que también), sino para dejar la prueba fehaciente de que es posible hablar de física mediante un recurso tan interesante como los juegos de palabras, que seguro que hacen las delicias de más de uno.

Esperando que la hayáis disfrutado tanto como yo disfruté leyéndola por primera vez, ¡nos seguimos leyendo!

Referencias:

  • Màrius Serra: “Verbalia: juegos de palabras y esfuerzos del ingenio literario”.
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Un comentario Agrega el tuyo

  1. MARINA SÁNCHEZ dice:

    Una historia preciosa. Me encanta ese punto guasón de Galileo sea cierto o leyenda deja entrever la inteligencia, sutilidad y poesía de la que era capaz.

    Le gusta a 1 persona

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